Sunday, September 24, 2017

Solidarios (relato propio)

Solidarios

Desde el primer momento fueron “los rubios”. Así los conocían tanto los médicos de la ONU como los sobrevivientes del terremoto. Haití era otra vez golpeada. La naturaleza no le daba oportunidad de recuperarse a ese país sobrepoblado de pobreza y desesperanza. Como muchos, los rubios buscaban un bebé negro para adoptar. Se sentían solidarios, despertando la admiración en su círculo social.

Lo primero que los golpeó cuando salieron del aeropuerto fue el hedor a podrido. A través de la ventana del taxi vieron los cuerpos alienados al costado de la carretera. Cubiertos por lonas plásticas, eran tantos que era imposible enterrarlos a todos. Fueron directo al hotel cinco estrellas que, irónicamente, no había sufrido ningún rasguño por el temblor. El botones acarreó las pesadas valijas hasta el décimo piso. La vista era tan desagradable que mantuvieron las cortinas cerradas. El orfanato se encontraba al otro lado de la ciudad. Esta vez decidieron llevar barbijos.

Los niños se mantenían paralizados en sus camas. Los rubios caminaron a través del corredor que contenía a los pequeños alistados para ser adoptados. No eran los únicos extranjeros. Una pareja española y otra francesa, collares de perlas para las mujeres, se encontraban en la misma situación. Finalmente, se decidieron por un pequeño de unos dos años. Pidieron datos de su origen, desconociéndose si los padres estaban vivos, y posibles enfermedades que haya sufrido, su  evidente barriga llena de aire.

Durante el viaje al hotel, el niño lloró desconsolado. Le dieron unas gotitas para que se durmiera. Ya en Washington lo esperaba un cuarto decorado de azul con nubes pintadas en las paredes. También lo esperaba la nana que lo criaría.


Nunca le dirían dónde había nacido, siempre se sentiría un extraño, el invierno que nunca llega a la isla helándole los sueños. De adulto se obsesionaría con el Caribe, visitando sus playas con regularidad. Nunca sabría su cercanía con aquellos que veía jugar al futbol en la arena, sus pies moviéndose al compás de los tambores, su envidia hacia la serenidad con que aceptaban su fatídico destino

Ana Ovejero

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Saturday, September 23, 2017

Los Malenques (relato propio)

Los Malenques

Tomó el segundo brazo del río. La lancha hacia un ruido adormecedor, pero Laura debía permanecer despierta, alerta. Su pelo rubio, ahora casi blanco y su peil enrojecida por el sol, daban evidencia de sus meses en la selva amazónica.

Su despedida de la tribu Malenque no fue lo que había previsto.

-No había nada que hacer.
-Sólo el cuchillo servía.

Cuando llegó a esa remota población a principios de Septiembre de 189, los Malenques la recibieron amistosamente. Solo los viejos desconfiaban, encogidos en sus tiendas, sus plegarias al cielo para que Laura se alejara. Varios hombres los habían visitado, pero ella, siendo la primera mujer blanca que conocían, los perturbaba. Sus estudios antropológicos se centraban en las costumbres de las mujeres y los niños.

-Sus pequeños, delgados brazos rodeaban mis piernas.
-Sus sonrisas me relajaron, demasiado creo.
-Mis estudios se eclipsaron.

Cuando llegó, solo había una embarazada. Lupe parecía tener 30 años, pero solo contaba con apenas unos aproximados 14 años, una adolescente  según la cultura occidental Su parto fue complicado desde el principio, su enorme vientre estirándose tanto que parecía que la piel se iba a partir en pedazos. Esa noche tormentosa estaba llena de humedad, de tensión, de expectativa.

-Las horas pasaban.
-Su dolor aumentaba.

Su decisión de tomar el cuchillo fue impulsiva. Ahora lo ve. Tomó un lugar que no le correspondía. Cuando abrió el vientre de Lupe, su grito atravesó el aire.

-Eran gemelos.
-Eran una maldición.

Los viejos no se lo explicaron. Ni a Lupe que ya conocía el destino de sus bebés, ni a Laura que no contemplaba a la muerte como una opción. A medida que Laura se alejaba, desterrada, la violencia en los ojos de los ancianos, desterrada, escuchaba el ruido de sus cuerpos cayendo al agua, cercando su lancha.

-Los tiraron al río.
-Los oí caer.
-Los vi morir.


Ana Ovejero

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Tuesday, September 5, 2017

Mima


Mima

Mima. 
Valiente hasta el final. 
Dijo "si me muero, me muero en mi casa". 
Se lo prometimos. 
Lo respetamos. 
Ahora solo queda esperar.
Te amaremos eternamente.

Friday, September 1, 2017

Esperanzado (relato propio)



Esperanzado

El doctor se despertó atontado. Se había dormido. Había apagado la alarma con un puñetazo, y siguió durmiendo nomas.

Abrió la ducha, desvistiéndose apurado. Dejó que el agua lo despertara. Una afeitada al ras, rápida.

Subió a su auto, organizando su portafolio al mismo tiempo que encendía el motor.

Llegó a la clínica dos horas tarde. Su secretaria lo miró preocupada. Le pasó las historias clínicas y él, poniéndose su delantal blanco, atendió a su primer paciente.

Era Roberto. Desahuciado, le contó su vida por enésima vez. Su corazón estaba débil, abandonándolo. Ya había tenido dos paros cardíacos y le habían colocado marcapasos. Su patología era hereditaria, su padre y su abuelo se la habían pasado sin saber, ambos muriendo jóvenes por fallos cardíacos.


Su situación era terminal. Ya no había nada más que hacer que hablarle, calmarlo, engañarlo, dándole un día más de vida.

El doctor le había hablado de un nuevo tratamiento. Una serie de inyecciones que regulaban su arritmia eterna. Una vez a la semana Roberto se presentaba, religiosamente.

El doctor fue detrás del biombo. Como lo hacía últimamente, llenó la jeringa con agua de la canilla. Se la aplicó a Roberto, quién aguantó el pinchazo, esperanzado.

Ana Ovejero

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Aniquilación (relato propio)



Aniquilación

La arena volaba como si perteneciera al aire, y sus ojos lloraban por la aspereza del viento.

Su cuerpo esta totalmente cubierto en tela. El sol, en el centro del cielo, hirviendo la atmósfera, haciendo imposible salir de las tiendas durante el día. Solo de noche sus pasos se acercaban al pozo de agua, los perros sus compañeros, alrededor, mientras llenaban los bidones descoloridos.

A lo lejos se divisaban las ruinas de lo que había sido la ciudad. Cada vez que las visitaban, las memorias de música y los colores de los carteles luminosos poblaban su mente. Sus hijos solo conocían el nuevo mundo desértico, sus ojos adaptados a seguir las estrellas, la única luz que toleraban. Los peligrosos eran los pocos árboles que quedaban en pie, ya secos, cayendo inesperadamente, aplastando a cualquier desprevenido que se les hubiera acercado demasiado, buscando alguna hoja, reseca, moribunda.

Ya quedaban pocos humanos, la aniquilación de la raza atropellando el tiempo. El mundo por fin se vengaba de las guerras nucleares que devastaron la vida. Era tiempo que los humanos desaparecieran, borrándose definitivamente de la historia, volviéndose mitos, leyendas. La evidencia de su existencia convirtiéndose en polvo escapando entre los dedos, sus huellas simples marcas en la arena seca.

Ana Ovejero

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Los viejos (relato propio)



Los viejos

Era imposible que no lo olvidara. Se la pasaba tarareando por los rincones, como si desde que el silencio comenzó ella sintiera la obligación de llenar los espacios. Siempre se lo recordábamos, estaba prohibido. Cuando los niveles de problemas de audición subieron, alarmantes, la música fue vedada junto con todo aquel dispositivo que la reprodujera, especialmente los auriculares gigantes con que la gente se pasaba el día enfrascada en su propia mente. Eso fue lo que dijeron, que era una cuestión de bienestar social. Ya hacía tiempo que la población se comunicaba solo a través de gestos o con simples imágenes para evitar desconectarse, alejar los auriculares de las orejas y comunicarse con los otros. La lengua oral había perdido cientos de palabras y los adjetivos habían pasado a ser elementos arcaicos en el habla de los muy viejos. La abuela era una de ellos.

En el comienzo todo fue confusión. Bandas armadas aliadas al gobierno se dedicaban a atacar a todo aquel que desobedeciera la orden, organizando grandes fogatas para destruir todo archivo existente. En menos de dos meses el silencio había bajado como una nube densa y descolorida. Todo era susurros y el canto de los pájaros volvía a tener un protagonismo envidiable. Los jóvenes permanecieron mudos y fueron, en una excepción en la historia de la humanidad, los viejos quienes comenzaron la revolución. Eran los que sabían cantar, una acción que había desaparecido cuando la música perdió la palabra y solo eran sonidos desconectados producidos por máquinas. Fueron los abuelos los que retomaron eso de cantar canciones de cuna antes de ir a dormir, o tararear alguna copla mientras amasaban galletitas para los nietos.

En cada casa, los ancianos ocuparon nuevamente el lugar central y dirigieron toda su energía en contrarrestar ese silencio abrumador que parecía un titan helado dispuesto a congelar el tiempo.Todas las voces todas, todas las manos todas, toda la sangre puede ser canción en el viento; susurraba la abuela, hamacándose en su sillón mientras tejía mantillas para los que estaban por llegar, a un presente incierto pero, sin dudas, a un futuro expectante, listo para ser creado o destruido; canta conmigo canta, hermano americano, libera tu esperanza, con un grito en la voz.

Con el paso del tiempo, las palabras se llenaron de sentido y ganaron fuerza, el hambre por relatar lo vivido fue creciendo, llegando a los jóvenes quiénes, apasionadamente, tomaron las canciones y salieron a las calles. Extendiéndose sin fin, reuniones espontáneas intensificaron la idea de comunidad, voces unidas entonando esperanza.

Como toda prohibición,  la incesante necesidad del gobierno de fraccionarla, desmenuzarla y convertir la música en polvo, que se colaba por cada resquicio, intentando cubrir todas las superficies, buscando  opacar todas las luces. Sin embargo, siempre se encontraba con la tenacidad de los abuelos, dispuestos con sus plumeros y escobas,  batallantes heraldos de la palabra y la canción.

Ana Ovejero

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Thursday, August 31, 2017

La Dominicana (relato propio)


La Dominicana


Su ventana, un rectángulo de borde descascarado, era todo lo que se veía desde la calle y, sin embargo, bastó para alimentar a las vecinas.
Tomasa narra cómo la vio bajar del auto de Ricardo, su marido argentino 20 años mayor, sólo un pie diminuto color caramelo, las uñas un escarlata furioso, todo color y movimiento.
Silvia dice una noche ver sombras recortadas danzando sobre la pared de la casa lindante, perfiles rozándose, las notas de una bachata melosa alcanzándola desde la ventana a 6 metros del suelo.
Mirta recuerda que sus cortinas eran siempre floridas, incluso con ciertos animales exóticos (cacatúas e iguanas), reemplazadas cada semana, una rutina diaria inaudita para un pueblo en el que lo seguro era sinónimo de existencia.
El canto de sus zorzales traspasaba dichas cortinas, recuerda Susana, haciendo que los vecinos que pasaban debajo caminaran dando pequeños pasos, un-dos-tres, al ritmo de su compás.
Los geranios rojos eran sus preferidos, cuenta Amalia, sobrepoblando el diminuto macetero sobre el margen de la ventana, enmarcándola, un bosquejo de pintor buscando la perfección en el blanco de la nada.
El acetato del esmalte hacia fruncir narices todos los jueves, narra Lucía, y el run-run del secador de pelo (el primero en el pueblo) sobresaltó a varios, creyéndolo un ruido venido a desatar revoluciones.
Nydia cuenta que su voz se transformaba en canto melancólico, afinado, rítmico, arrastrándose afanosamente hacia su isla, las caracolas llamándola con su mar interior, dulce y apacible, un canto de sirenas atrayéndola al hogar.
Paloma jura ver una tarde un brazo esbelto alargándose hacia la calle como desasiéndose, las yemas de sus dedos apenas acariciando una libertad que se aleja, retrocediendo, escapándose a un escondite inubicable entre las sombras de la selva.
Soledad habla de lágrimas que, junto a la lluvia, se arrastran sobre los márgenes del rectángulo hacia el suelo y, de allí, a las raíces de cosas que aún se sienten vivas, que florecen y perfuman el aire, embriagando los sentidos, aquietando el espíritu.
Beatriz jura que fue ella quién recogió las jaulas vacías desechadas a través de la ventana, los pájaros, desorientados,surcando un cielo hostil, ajeno, su canto silenciado en un lamento, un ruego, un pedido de rescate.
Noemí habla de empujones, de vajilla arrojada por la ventana, trozos, ahora mosaicos que adornan su mesa de jardín, objeto lleno de inquietud y desesperanza rodeado de un verde desapasionado,  mudo.
Belén habla de susurros aquietados por las nubes, incapaces de flanquear las cortinas, pero latentes, encapsulados, descascarando aún más el contorno de su ventana.
Sin embargo, todas estuvieron de acuerdo sobre el ambiente siniestro de esa tarde plomiza de invierno. El polvo sobrevolaba cada rincón del pueblo, como buscando incluso llegar dónde el tiempo se esconde de aquellos a los que ya hace tiempo el mismísimo tiempo se les acabó.
Nadie fue testigo de la camilla que la trasladaba, irrevocablemente; la bolsa plástica cubriéndola por completo, el aire caribeño expulsado ya por el viento del sur, frío, ensordecedor, haciendo de la primavera un deseo hambriento y del verano, un sueño casi inalcanzable.


Ana Ovejero

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Tuesday, August 29, 2017

Tu propia aventura (relato propio)


Tu propia aventura

Las velas tardaron en prenderse bajo la luz de la luna. El viento norte azotaba las tiendas y los manteles flotaban al ras del suelo. La velada se veía perfecta a la distancia, cada detalle en su lugar creando una composición sublime. Una cena digna de Versailles en el centro de la sabana africana, los sonidos de la noche creando una atmósfera de seducción y magia, Hemingway dando rienda suelta a sus dotes de conquistador, ella dejándose embriagar, elegantemente.

Me habían contratado para eso, para crear momentos inolvidables, y dado el éxito de las aventuras taurinas y la adrenalina en San Fermín, Hemingway me tomó como su creador exclusivo, él fanático de sucesos que lo llevaran al extremo, deseoso de vivencias imborrables, únicas. La proximidad de la cornamenta de uno de los toros en Madrid casi lo arruina todo y sin embargo, mi buena estrella guió el filo al desconocido parado junto a él y así, su relato se convirtió en el éxtasis revivido por cientos de lectores alrededor del mundo. La cercanía del peligro, él diría de la muerte misma, lo llevaría a querer reflotar sensaciones perdidas en su juventud, ahora recuerdos que lo llenaban de la agonía que los años habían traído a su vida. Conmigo todo el pesar y la angustia desaparecieron, dando lugar a la lujuria, al encanto de esperar el mañana expectante ante nuevas posibilidades de reconstruir su viejo yo, puro deseo.

Resultado de imagen para ernest hemingwayMañana nos espera otro día de cacería. Ella se recluirá en la tienda, escapándole al sol y al polvo que todo lo toca. Su vestimenta (un equipo de cazador completo, botas de montar y gorro de safari incluido) ya lo espera junto a su cama. Él y su escopeta estarán listos antes del amanecer, así como la cámara fotográfica que tomará instantáneas de su plenitud masculina, de su deseo de devorarse la vida a cada paso. Su imagen con las cabezas de antílopes llegaron a las primeras planas de varios diarios que rastrean su peregrinar por África. Sin embargo, el premio mayor, el león que tanto anhela, llegará mañana. Los guías locales ya me procuraron un macho de melena ampulosa que mantenemos cercado durante la noche con el fin de tenerlo accesible a primera hora del día, momento en que su gloria y la luz se combinan para crear la imagen perfecta.

Cuando obtenga la fotografía con el rey de la selva, su ardor por África se esfumará y una nueva pasión absorberá cada centímetro de su ser. creí escucharlo hablar de Cuba. Esta vez será la pesca y habrá que proveerlo de una rica variedad de peces que juntos igualen su apetito de conquista insaciable. Una cabaña será su hogar, deseoso de vivir como un paisano, la lujuria dará paso a la humildad, a la escasez, a lo mínimo, lo indispensable. Abrazará las ideas de la isla y su vestimenta lo reflejará, así como su embarcación, un bote con la pintura descascarada, un par de agujeros y un fondo casi traslúcido. Ella desaparecerá, no la necesitará como testigo de su valentía. La soledad abarcará cada uno de sus días y el sonido de las olas será el perfecto compañero en las horas de espera, taciturno y alejado de los flashes, la cámara en una valija embarcada a Nueva York.

Ya amanece y la pared izquierda de la tienda enmarca su silueta, sus pasos, ecos en la tierra seca. Hoy es el día. La fotografía con el león llevará varias tomas hasta conseguir la adecuada y así, mi tarea en África terminará. Pronto volaremos a otro sitio y mis habilidades serán puestas a prueba nuevamente. "Momentos inolvidables", eso es lo que creo, una realidad nueva, donde el cobarde se vuelve valiente y el desesperado conquistador, donde los sueños se materializan y las atmósferas se recrean, construyendo escenarios idílicos, sublimes; la perfección.
Ana Ovejero

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Sunday, August 27, 2017

La mina (relato propio)


La mina

Los hombres creyeron que aquellos aspavientos no eran más que frivolidades de mujer. La mina traería progreso, eso decían los gringos, palabra que a varios en el pueblo les torcía la lengua como cuando llamaban a Don Gregorio, a quienes muchos simplemente conocían como Don Goyo para esquivar tanta erre junta. 
Fue un martes cuando finalmente trajeron la topadora.  El rumor sobre la mina había sobrevolado el pueblo entero durante todo el verano, introduciéndose en cada rincón posible con tal de mantenerse en la mente de los habitantes por lo menos un par de horas. Cuando por fin llegaron los primeros rubios al pueblo, la noticia ya se palpaba contra las paredes de la montaña, como si su sola presencia abriera el túnel hacia las entrañas de la oscuridad. Las mujeres tomaron tanto amarillo como un mal augurio. Los llegados no tenían el color de la tierra en su piel, ni el olor a selva en su sudor. Eran solo extraños que buscaban hundirse en la roca, alejándose del mar, continuo y leal compañero del pueblo. Los hombres festejaron, liberándose de sus redes, abandonando las barcazas por la paga diaria y el horario recortado. No más amaneceres ni pies helados por las olas inquietas. Ahora lo suyo sería los cascos con linternas, las poleas y los carros llenos de tierra. 
Pero primero fue la tala de los árboles que no permitían el ingreso de la maquinaria. Ejemplares milenarios fueron perdidos, hechos leña para un invierno que nunca llega al pueblo, algo que los gringos no escucharon. Las mujeres los lloraron, entendiendo que eso que los rubios llamaban progreso se estaba volviendo realidad, una realidad que tumbaba, cortaba, desmembraba, destruía.
Aquella noche no salieron a trabajar al mar. Los hombres fueron divididos en subgrupos, parados sobre la planicie ahora pelada, los animales retrocediendo hacia los confines de la selva donde el ruido del metal y cadena no los alcanzara. Los hombres ya no volvían húmedos, cubiertos de escamas, sus pies aletas. Ahora la tierra  pintaba sus cuerpos, sus uñas quebradas contra las piedras, hormigas escapando de la luz. El calor infernal poblaba sus días y sus noches estaban plagadas de pesadillas tortuosas en donde rieles invisibles los trasportaban de vuelta al interior de la mina, túneles sin fin, asfixiantes, las paredes llenas de huesos.
La selva los había abandonado, recluyéndose hacia el interior, preservándose a sí misma. También lo hicieron las mujeres, retrocediendo junto a ella, llevando a sus crías a lugares seguros donde el aire olía a fruta y el vaivén del mar conciliaba los sueños. Los hombres se acostumbraron a su ausencia, así como al retraso en los pagos y a los horarios extendidos.   Muchos pasaban días enteros dentro de la mina y se hablaba de varios que ya la habitaban de manera permanente. La mina se comió sus vidas, cubriendo sus ideas de alquitrán.
 En el centro de la selva, las mujeres lo supieron de repente, como si un grito desangelado traspasara cada uno de los corazones en ese claro iluminado por la luna. Corrieron seguidas por sus crías, como empujadas por un eco venido de la tierra misma. El silencio lo cubría todo, ni las luciérnagas se acercaban temerosas de la parca y su sedienta cacería nocturna. La entrada a la mina ya no existía, la montaña había recuperado su forma, como si el progreso del que hablaban los gringos nunca hubiera puesto sus pies en el pueblo.
El dolor desfiguró los rostros de aquellas que se aproximaban, horrorizadas, de rodillas frente a la columna de tierra, golpeando el suelo, los niños sacudiéndolas preguntando '¿qué pasa?', sus lágrimas volviéndose barro, arroyo, río, corriendo hacia el mar, volviendo al origen del que nunca debieron haberse alejado. Algunos marineros que oyeron el llanto a la distancia perdieron el rumbo, y se supo de uno que se hizo amarrar al palo mayor, recordando antiguas fábulas de sirenas. Las nuevas historias, las que hablan de progreso, futuro y privatización fagocitan al hombre, arrastrándolo a la humillación y el abismo, a desintegrarse  hasta desaparecer, y exhalar su último aliento en la oscuridad absoluta.
Ana Ovejero

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Thursday, August 24, 2017

Esa Hojita (relato propio)


Esa Hojita

Lo miraba dudar y estrujaba el repasador, ansiosa. Tantos años juntos y no se terminaba de acostumbrar a ese miedo palpitante en sus ojos, el papel blanco desafiante, el té que le había preparado enfriándose, apesadumbrado. No importaban sus gestos cariñosos, ni sus palabras de aliento.  Todo su afecto chocaba contra ese cuadrado blanco, amurallando a Ernesto, su esposo, aprisionándolo junto a su lápiz, el sacapuntas y la goma, eternos compañeros de celda.

Cada mañana Ernesto recomenzaba el ritual. Cada día agregaba un movimiento nuevo, un objeto singular, un sonido distinto, que lo sacara de ese mutismo absoluto que le venía cuando las palabras le evadían la pluma. Ella, Marta, también tenía su ritual. Un par de Padrenuestro y algunos Ave María a la imagen en el jardín, preparar el té de manzanilla sin romper el hervor,  caminar en pantuflas para no hacer ruidos innecesarios. Tantos preparativos con un único fin: lograr que Ernesto apoye el lápiz sobre el papel y comience a brillar.

Una lámina acuosa cubría los ojos de Marta ante cada día que pasaba y él no lograba nada, no producía letras, ni dibujos, ni siquiera garabatos. Y de este tormento ya había pasado un mes en que ambos se encontraban en extremos opuestos de la casa: él, en el living comedor, tomando posesión de cada centímetro de la mesa; ella, en la cocina, revolviendo potajes que lo llevaran a él a escribir nuevamente. Un suspiro distante era todo lo que uno escuchaba del otro. Marta no comprendía cómo algo tan insignificante podía paralizar a un hombre tan adulto como su esposo y, sin embargo, intuía que había algo más escondido en el silencio de Ernesto.

Hoy es jueves y Marta se despierta sobresaltada. Ernesto está silbando, señal de que por fin la tinta corre divertida sobre el papel. Incluso en algunas partes baila. Ella lo sabe. Ernesto sólo silba tangos cuando el lápiz hace piruetas sobre la superficie blanca, ahora cubierta de manchas, un dálmata trotando sobre el césped.

Marta puede relajarse al fin. Los rituales no son para ella. Sólo se inclinará frente a la imagen mientras Ernesto escriba. Sin embargo, ella sabe que lo suyo es un hambre, una condena. Pronto volverán al inicio, al encadenamiento a la silla y a las cábalas, a los silencios infinitos, cuando él tenga que enfrentarse a una hoja en blanco nuevamente.


Ana Ovejero

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Tuesday, August 22, 2017

Sin luz (relato propio)


Sin luz

La tormenta arreciaba y el abuelo, subido a la enclenque escalera, intentaba desagotar la canaleta. Así lo veíamos con mi hermana, un acróbata de circo empapado, su sudor y las gotas entremezclándose, nublándole la vista.

'Vengan chicas. Dejen. Cada loco con su tema.' dijo la abuela entre suspiros. 

Los gritos del abuelo se escuchaban desde la cocina, 'Llové nomás, llové.  ¿ Qué te pensas? ¿Qué me vas a ganar?

'Alcanzame el farol. Sí, así, despacito. Ponelo ene el centro de la mesa. Vení Marga, sentante al lado de Juanita.'

La abuela nos inició en los juegos de cartas. Ya habíamos terminado con todas las ventanas de la casa, ahora llenas de caritas sonrientes hechas de vapor y aburrimiento.

'La más valiosa es el siete de oro. Hay que hacer tríos del mismo número, por ejemplo tres cincos, o del mismo palo, por ejemplo el siete, el ocho y el nueve de basto.

La abuela mezclaba el mazo con una habilidad de experto, su niñez sin electricidad saliendo a relucir por cada poro de su piel.

'Seguí nomás, seguí. No te des por vencido, ni aún vencido, no te sientas esclavo, ni aún esclavo, trémulo de pavor, piénsate bravo y arremete feroz, ya mal herido'gritaba el abuelo al viento. La abuela revoleaba los ojos y nosotras nos reíamos bajito.

'Lo mejor es armar chinchón. Todos los números seguiditos.'

La abuela daba las cartas y nosotras no sabíamos que hacer con tantas. ¿ Cómo hacía para tenerlas todas en una mano, como el abanico de una coqueta dama antigua? Cada vez que la abuela cortaba, yo contaba con los dedos todos los puntos que se me iban acumulando.  ! Y eso que lo primero que hacía are sacarme de encima el rey!


'Ten el tesón del clavo enmohecido que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo, no la cobarde intrepidez del pavo que amaina su plumaje al primer ruido.'

La luz del farol alargaba las sombras al infinito y, cuando Juani quiso ir al baño, le pidió a la abuela que la acompañara. Ella puso una vela en la boca de una botella verde de vidrio y, con su bastón, esperó junto a la puerta como un soldado, aunque la abuela estuviera ya encorvadita. '!Qué chiquita está mamá!' decía mi mamá y, sin embargo, yo la veía como un gigante, siempre con pañuelito al cuello.

'Procede como Dios que nunca llora, o como Lucifer, que nunca reza, o como robledal cuya grandeza necesita del agua y no la implora...'

La abuela contaba que conoció al abuelo en un baile. Su mamá tenía una mirada de acero y el abuelo fue el único valiente que se animó a acercarse y preguntar si la abuela podía bailar con él. Ella dice que la abatató con frases elegantes, su perfume abordándola, sus ojos celestes avasallantes.

'Que muerda y vocifere vengadora, ya rodando en el polvo, tu cabeza!'

La abuela ganó tres manos, Juani dos y yo una, aunque tengo la sospecha de que nos dejó ganar, de lo buena que es, nomás.

Para cuando el abuelo terminó, ya no llovía más y solo se oía el croar de los sapos saliendo se sus casa inundadas. 'Tomá papá, tomá.'le dijo la abuela, alcanzándole un mate calentito.

Y mientras se cambiaba, el abuelo recitaba, ' dime, ramo verde, dónde vas a dar, porque si te pierdes, yo te iré a buscar,'sus ojos celestes sonriéndoles a la abuela, pícaros.

Ana Ovejero

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Monday, August 21, 2017

El Pozo (relato propio)


El pozo

La puerta de la tienda se estremecía con el viento, llenando el ambiente de polvo y calor. Sus ojos tardaron en habituarse a la luz y la realidad de saberse en un campo de refugiados asaltó su conciencia. Los días se imitaban unos a otros y las horas parecían paralizadas, no había mañana ni tarde, solo el comienzo y el fin de todo.

Tomó aire y se decidió a salir finalmente. Sus huesos ya atestiguaban la falta de comida y el largo trayecto hasta el pozo comunitario consumía las pocas fuerzas que aún se mantenían dentro de él. Sus labios partidos no emitían sonido desde hacía mucho, tanto que no recordaba su última palabra antes de este mutismo obligado.

Decidió buscar agua. Las tiendas formaban una ciudadela amorfa, con calles que mutaban en callejones sin salida, esquinas ariscas, incapaces de mantenerse estables, desconfiadas de su propia suerte. Tomó el primer sendero a la derecha y al pasar la quinta tienda, el olor a sopa aguada le inundó los sentidos. Continuó un poco más y tomó el callejón a la izquierda, topándose de imprevisto con una camioneta de la Cruz Roja cortándole el paso. Retrocedió hasta el último cruce y dobló a la izquierda nuevamente, ubicando a los pocos metros la tienda pintada de negro, amarillo y verde, su dueño, un desahuciado más, cuidando de un pequeño fuego, sentado en la entrada. Avanzando trabajosamente, pronto se toparía con la carpa verde militar dónde una mujer y su pequeña prole gastaban los minutos canturreando canciones de su patria, abandonada a las corridas cuando la sangre y los machetes golpeaban sus puertas. Sin embargo, avanzó y avanzó sin ubicarla.

Desorientado, vio acercarse a un grupo de muchachos a los que solían acusarlos de desvalijar las tiendas de los muertos, vendiendo lo poco o mucho que estos dejaran, incluso lo que llevaran puesto. Retrocedió temeroso y tomó el primer sendero que apareció, avanzando en dirección este según le indicaba el sol. Grande fue su sorpresa cuando volvió a encontrarse en frente de su tienda, como si su camino al pozo nunca hubiera comenzado.

Volvió sus pasos pero esta vez doblé antes de la tienda pintada y se movió sentido norte, dónde sabía que encontraría el pozo. Mas cuando tomó el segundo sendero, se volvió a topar con la tienda pintada, ya su dueño adentro, refugiándose de la crueldad del sol. Impacientándose, dobló a la derecha buscando la carpa verde militar, que esta vez encontró, pero sin la presencia de la mujer y sus hijos, quienes tal vez podrían haberlo guiado al pozo. Tomó el siguiente sendero, exhausto, sediento, sintiendo las gotas de sudor corriendo sobre su cuerpo.

Cuando finalmente creyó encontrar el camino directo al pozo, reconoció los alrededores pero no había huella de él. En su lugar, un puesto sanitario y, junto a él, una fila de infrahumanos esperando el antibiótico necesario para sobrevivir un día más.
Ana Ovejero

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Wednesday, February 8, 2017

Oryx and Crake


Margaret Atwood explains that this book is not an example of sci-fiction. This is what she calls "speculative fiction": stories that can happen in the near future. Atwood says that many of these experiments in the bio department are taking place right now. Creepy right?

At the beginning of the story we find Jimmy-TheSnowman who thinks he is the only one who survives a plague that anihilate all humankind. He is mourning for Crake, who used to be his best friend, and for Oryx, Crake's girlfriend who he also had a relationship with. He lives by the sea and near him live "The Children of Crake", green-eyed genetic-engineeried new species which is to replace humans. They have anti-insect and sunblock incorporated in their bodies, and they copulate seasonly, some parts of their bodies turn blue so males know when females are in heat.

With the images of this apocaliptic world, we get Jimmy's memories of his boyhood alongside Crake and their lives in the compounds controlled by the Corporations. Jimmy decides to move into the desolate city to find some answers, being careful because of the pigoons. They are pigs but with human-like brains that after the chaos following the plague, get loose from the labs and roam the countryside. As consequence, they are able to ambush their victims, using one of the little ones as a decoy and the grown ups attacking from the other side. The times before the plague were full of genetic manipulation experiments, beings the Crakers the ultimate project.

Atwood shows the possible ending of humankind, and that its end is not the conclusive chapter of life on earth. We are just another animal, beings who destroy themselves looking for new ways to become gods.

Ana Ovejero

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Tuesday, January 3, 2017

Beneath The Lion's Gaze


This book is set in Ethiopia during a military revolution. This is the story of Hailu, a doctor and his family: his wife Selam who is deadly ill at hospital, his son Yonas who is married to Sarah and has a little daughter, and finally his young son Dawit who is a rebel and contradicts everything his father says.

At the beggining of the novel, we are introduced to the problematics of the family but soon History gets in the way. A monarchy is crumbling down as it fights a famine in the north of the country. Power is taken by the army, which mercilessly persecutes its enemies. Among them are the students who disappear and whose bodies are left in the middle of the streets as a warning for the rest of the population. 

Each member of Hailu's family become involved in the resistance against the bloody regime in different ways. It is now that we see cruelty knocking at their door,

Maaza Mengiste's use of language is powerful and incisive, the fear people feel is tangible in the silences between them, the mothers looking for their children's bodies in the streets, the kids endangering their lives for freedom.

Ana Ovejero

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Monday, December 19, 2016

A manual for cleaning women


This is surely a masterpiece. Berlin has been compared to Carver as she portrays the lives of women who struggle with alcoholism, being a mum and an alcoholic, the reality of rehab programmes and the inability to put their lives together.

Berlin herself was  an alcoholic and many of the events in the story echoe her life. Several characters and situations are repeated alongside the narrations, creating a continuity.

You know that with short stories collection there is tendency  to have some very good ones and others quite bad. In the case of this book, the quality of the stories is consistent, displaying a world full of loneliness and desperation.

Lucia Berlin's narratives are truthful, thought-provoking and brutal. They shows the fragile conditions in which these women live, the violence in the atmosphere and the isolation that engulfs them: the alcoholic mums whose teenager boy hides the car keys so she cannot go to buy more drinks, the reality of children being taken away from their mothers because they are unable to take care of them, the anxiety and physical pain of the first days in rehab facilities, all this is masterfully showed by Berlin, a unique voice displaying the actualives of people dealing with alcoholism.

Ana Ovejero

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Monday, December 12, 2016

Salvage the Bones


Jesmyn Ward is a survivor of the hurricane Katrine and uses her experience to portrays the hopeless of the poor rural people who couldn't evacuate because they didn't have anywhere to go.
However, this book is more about the dynamics between the members of a family in the Missisipi coast.

The beginning of the story narrates the birth of a dog's babies, very roughly and savagely. Skeeter's dog is a pitbull and he uses her to win money in fights. With these babies, he hopes to get more money and helps his older brother Randall to go to basketball camp.

The book is told from Esch's perspective, the only girl in the family. Her sex encounters with one of his brother's friend are unemotionally portrayed, and as a consequence, ahe realises she is pregnant. Her drunken, wasted father is worried about the hurricane and he is trying to prepare the family for it.

During the narration, you can see how these characters feel the empty hours of the day, Skeeter's obsession with his bitch's babies, the lack of work around the area and their impossiblity to improve their lives: the family has been poor over generations,.

The beauty of the language makes this book a jewel, making regular lives important, making the experience of  peole who are outside the mainstream the central in a world that tends to ignore them and their needs.

In an interview, Ward explins the reality of the Mississipi coast after Katrina. She claims that many people have gone away after the hurricane destroyed their homes, but they were forced to return as their impossibility to economically sustained themselves. The government's reluctancy to acknowledge these people's needs and circumstances continues, keeping them in the outskirts of society.

Ana Ovejero

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Wednesday, December 7, 2016

Muslim experience in England


These two books play with the issues brought up by the clash between the Muslim beliefs and the contemporary values in the western world.



'Maps for Lost Lovers' portrays the story of  the Pakistani community in an unknown city in England. Jugnu and his lover Chanda have a different relationship according to the small community's ideas: Jugnu is a single grown man and Chandra is a divor cee living together without marrying. Suddenly, they disappear and later Chandra's brothers are arrested for murder. The narration display the following twelve months, gradually disclosing the several lives of various characters which live in a between-world, their ideas clashing with the British customs, their ancestral traditions, their ideas regarding honour and respect being challenged by the younder generation's actions.


'Minaret' narrates the story of Najwa, a Sudanese woman, who has become a maid in England. Her lefe in Sudan when she was young was full of wealth and parties, her beliefs and her father's position in the government challenge by her boyfriend's revolutionary ideas. Suddenly, her father is arrested and executed, and her life changes completely. Exiled in London, we gradually see her approach to religion in an attempt to fulfil the emptiness in her soul. This book portrays Najwa's interested journey towards her community traditional beliefs, finding friednship and understanding in other women.

Both books show an unkown reality by most western people, displaying a reality that is challenged by the clash of cultures, the younger generations trying to find a place in the world, a personal approach towards their parents' beliefs and their own feelings.
Ana Ovejero

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Tuesday, November 29, 2016

El laberinto de los espiritus


Carlos Ruiz Zafón es una de las grandes plumas españolas contemporáneas. Este libro forma parte de la tetralogía del Cementerio de los libros olvidados y varios de sus personajes se repiten, dando continuidad a la trama.



Este es el volumen final de la historia, comenzando con Daniel, dueño de la librería Sempere, y Fermín, su eterno aliado, una madrugada de insomnio, decididos a relatar la historia de la investigación llevada a cabo por Alicia Gris.

Alicia es una suerte de investigadora privada, y es el personaje que se devora el libro. Su inteligencia, sus comentarios sagaces, sus observaciones detalladas la llevan a liderar la investigación sobre la desaparición de el ministro Valls del gobierno de Franco. Junto a ella, el capitán de policía Vargas, hombretón entrenado y entrador, se adentran en los misterios que rodean a Valls, antiguo director de la aterradora prisión de Montuij, donde muchos republicanos perdieron la vida, o la cordura, a causa de las torturas y privaciones.

En este libro hay muchas aluciones a hechos sucedidos en los anteriores volúmenes, por lo que alguien que los haya leído, podrá disfrutar de una manera mas profunda el relato. Sin embargo, estos detalles no evitan que los nuevos lectores encuentro obstáculos para seguir la trama.

El laberinto de los espíritus es una aventura con todas las letras. No se puede para de leer, pasando las hojas para encontrar nuevos detalles que nos lleven a intentar descubrir a los culpables, para seguir a la intrépida Alicia, a Vargas con toda su experiencia a cuestas, a Fernandito, adolescente eterno enamorado de Alicia, a quien su corazón no tiene lugar para nadie.

Adéntrense en este laberinto, del cual no saldrán inmunes. Sigan las pistas, eluden obstáculos, y disfruten de este novelón que nos regala el autor. No queremos enterarnos que este es el fin, y sin embargo, releer esta historia será un deleite en el futuro.

Ana Ovejero

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Monday, November 28, 2016

We are all completely beside Ourselves



This book narrates de story of Rosemary and, as she clearly states, it starts in the middle of the narration. Rosemary is in college and trying to subdue her issues with alcohol and drugs. She suddenly meets Harlow, a completely unexpected girl who becomes a sort of friend.Soon, we discover events from Rosemary's past. For example, that she hasn't seen her brother in years, that once she went to her grandparents' house and when she returned, her sister Fern has been gone.
Rosemary has a lot of issues regarding her identity, her beliefs about who she really is, about her relationship with her parents and siblings.

Suddenly, there is a major twist in the story. Suddenly, we understand why Rosemary questions every decision she has made in the past, her guilty towards the dissapearance of her sister, her muteness against her past version of a very talkative girl : her grandma used to ask her to be silent for a second so she can hear herself thinking.


This is a story of growing up, of how silences engulfe people's certainties, shaping the mind of a young girl, how guilty becomes a weight to hard to sustain.
In a funny tone and seemly relaxed way, the author narrates this story that portrays more than you can see in the surface. The plot is presented in different chunks, moving from the past to the present, the consequences meeting the reasons, the fragility of life totally exposed.

Ana Ovejero

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Friday, September 9, 2016

Sofía o el origen de todas las historias

Siendo de origen sirio, Rafik Schami sitúa sus libros en la tierra de su juventud, la cual tuvo que abandonar debido a la persecución política. Así en novelas como EL LADO OSCURO DEL AMOR o EL SECRETO DEL CALÍGRAFO, se puede vivenciar la pacífica convivencia entre judíos, cristianos y musulmanes en una Siria cosmopolita.

En SOFIA O EL ORIGEN DE TODAS LAS HISTORIAS, las causas de la Guerra Civil que aqueja ya hace tiempo al país y empuja a cientos de sus ciudadanos a huir y correr el riesgo de perder la vida en el Mediterráneo se evidencian en los secretos que los personajes callan, los silencios en las conversaciones en las calles y la tiranía de un gobierno totalitario que busca aplastar toda forma de oposición.

La novela comienza con Karim y Aida, el amor de dos personas mayores, un musulmán y una cristiana, y los comentarios que generan al pasear en bicicleta por el pasaje Yasmín, enfrentando las miradas inquisidoras de las vecinas.

Luego conoceremos a Salman, quien de joven se unió a la resistencia armada, por lo que tuvo que escapar de Siria. Ahora, un empresario exitoso en Italia, el gobierno sirio ha decretado la amnistía a todos los exiliados políticos. Realmente extrañando su tierra, Salan decide viajar, para encontrarse con una realidad hostil y persecutoria.

La Sofía del título es la madre de Salman, y antigua novia de Karim. Así se plantea la conexión entre los personajes, buscando una salida para Salman, una manera de salvarle la vida.

Una historia que atrapa desde el primer momento, el calor de la tarde y los olores del barrio cristiano llegando al lector en forma constante, duradera. Una historia antes de la guerra, de los niños ahogados en las playas, de la crisis humanitaria que parece no tener fin. La oportunidad de entender como una comunidad floreciente se torna en un infierno, un callejón sin salida.
Ana Ovejero

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